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Fatiga y falta de energía

FATIGA Y FALTA DE ENERGÍA

Introducción

Un motivo de consulta frecuente en Medicina Integrativa es el sentirse fatigado, sin energía, que “el cuerpo no tira”. Habitualmente, se tratan de personas que llevan mucho tiempo padeciéndolo y que tampoco saben precisar con certeza cuándo comenzaron exactamente.

En bastantes casos pueden haber sido catalogados de cuadros pseudodepresivos, de fibromialgia o de fatiga crónica. Además, como pueden presentar síntomas en diferentes lugares han sido visitados ya por varios especialistas y se les han sometido a múltiples pruebas, a veces sin resultados concluyentes.

El abordaje de estos pacientes es complejo y casi nunca hay una causa, sino que suele ser multifactorial. En mi experiencia, los principales motivos son los siguientes pudiendo encontrarse muchas veces varios de ellos relacionados:

  • Infección vírica crónica o recurrente.
  • Problemas tiroideos.
  • Fatiga suprarrenal.
  • Estrés y temas emocionales.
  • Intoxicación por metales pesados.
  • Patología mitocondrial.
  • Estrés oxidativo.

Los problemas tiroideos ya los explicamos en el artículo de “Trastornos hormonales” en esta misma sección. También encontrarás más información sobre el estrés y problemas emocionales, intoxicación por metales pesados y estrés oxidativo. En este artículo nos centraremos en las infecciones víricas, la fatiga suprarrenal y la patología mitocondrial.

 

Infección vírica crónica o recurrente

Cuando nos infectamos por un virus presentamos los síntomas de una infección aguda que puede ser desde asintomática hasta grave en función de la virulencia del virus y de nuestro estado inmunitario.

Una vez que ha pasado la infección nos recuperamos y ya no la volvemos a tener porque hemos generado anticuerpos que nos defenderán de futuras infecciones. Sin embargo, hay una serie de virus que no se destruyen totalmente, sino que quedan en estado latente.

Puede ocurrir que años más tarde estos virus vuelvan a multiplicarse y dar una serie de síntomas que nada tienen que ver con los de la infección original. Suelen atacar el sistema inmunitario (facilitando otras infecciones), el sistema nervioso (causando dolor o sensaciones raras en partes del cuerpo), inflamación (en cualquier órgano) o la glándula tiroides (provocando hipotiroidismo), entre otros.

Al final, el paciente acaba teniendo un gran agotamiento y fatiga por lo que en estos casos siempre ha de descartarse que una de las causas sea una infección vírica crónica.

SEROLOGÍA VÍRICA

Virus más frecuentes

Los virus que con más frecuencia se asocian a cuadros de fatiga crónica son los siguientes:

  • Herpes simple 1.
  • Herpes simple 2.
  • Citomegalovirus.
  • Herpes zóster.
  • Epstein – Bar.
  • Herpes 6.
  • Hepatitis B y C.
  • Virus respiratorio sincitial.
  • Parvovirus B19.

 

Diagnóstico

El diagnóstico de sospecha se hace con el interrogatorio, pero se disponen de unas pruebas específicas para diagnosticarlos. A veces podemos tener indicios indirectos como una disminución de los neutrófilos y un aumento de los linfocitos en sangre, que son unos subtipos de glóbulos blancos.

Además, disponemos de las pruebas de serología vírica (ver artículo en el apartado de “Métodos”). En ellas se valoran los niveles de las Inmunoglobulinas M (IgM) e Inmunoglobulinas G (IgG). Las IgM son las que se generan al principio de la infección y descienden cuando uno se cura. Por el contrario, las IgG empiezan a formarse cuando la infección ya está remitiendo y permanecen para defendernos de futuras infecciones.

En función de los síntomas, y los valores de las IgG y M podemos saber si hay una infección aguda, si se tuvo y ya se curó o si se tuvo y se ha reagudizado, que suele ser lo que causa la fatiga crónica. Ante una reactivación suele haber un gran aumento de las IgG. El caso del virus de Epstein-Barr merece un comentario aparte ya que para hacer un diagnóstico exacto han de analizarse hasta 4 inmunoglobulinas (IgM-antiVCA, IgG-antiVCA, IgG-antiEA, IgG anti-EBNA núcleo).

Otros métodos que ayudan al diagnóstico son el estudio del estado proteico y el del tipaje linfocitario. En éste se evalúa los niveles de determinados linfocitos T4 y T8. Finalmente, también puede diagnosticarse de una forma sencilla la presencia de una infección vírica mediante kinesiología.

 

Tratamiento de las infecciones víricas

Desde la Medicina Integrativa podemos ofrecer diferentes tratamientos para las infecciones víricas.

Fitoterapia

Hay combinaciones de diferentes plantas que son muy eficaces, destacando algunas fórmulas propias de la Arqromerterapia (Ver artículo). Entre ellos encontramos la acacia, el baobab, la ulmaria, el tomillo, el desmodium.

También se usan prebióticos y probióticos, plantas estimuladoras del sistema inmunitario como el andrographis, la uña de gato, la echinácea, el propóleo o el astrágalo. A veces se asocia a zinc o a vitamina C.

Micoterapia

Los hongos son también una buena opción para el tratamiento de las infecciones víricas. Entre ellos destacan el reishi, el cordyceps, el champiñón del sol, el coriolus, el shiitake, el maitake o el chaga.

Suelen tomarse en preparados combinados de diferentes hongos en ayunas tras haber tomado previamente vitamina C para favorecer su absorción.

Microinmunoterapia

Se basa en la toma de bajas dosis en diferentes grados de dilución de citoquinas y oligonucleótidos por vía sublingual. La intención es que tengan absorción linfática y conseguir una respuesta inmunomoduladora secuencial.

Se trata de tomar sublingualmente un granulado de forma secuencial en tandas de 10 días durante unos meses. Principalmente se hace por las mañanas en agunas.

Hay preparados específicos para ciertos virus: HERP (virus herpes simple), ZONA (virus varicela zóster), EBV (virus de Epstein-Barr), CMV (Citomegalovirus) entre otros. También hay para aquellas situaciones en que el sistema inmunitario presenta hiperreactividad (EAI) o hiporreactividad (EID).

Regulación de la microbiota intestinal

Para combatir una infección vírica es muy importante tener un buen funcionamiento del sistema inmunitario. Y éste depende, entre otras cosas, de un buen estado de la microbiota intestinal. Por ello, ha de tratarse también cualquier problema de disbiosis o de permeabilidad intestinal.

 

Fatiga suprarrenal

Las glándulas suprarrenales producen una serie de hormonas, estando entre ellas el cortisol y la dehidroepiandrosterona (DHEA). Cuando existe una situación de estrés que se prolonga en el tiempo, aumenta la producción de cortisol en la llamada fase de resistencia del estrés. Si éste persiste, se llega a la fase de agotamiento donde hay un gran aumento de la producción de cortisol seguida de una caída brusca de sus niveles.

Podemos conocer los niveles de cortisol y DHEA mediante análisis de sangre. Sin embargo, en la actualidad hay también unos análisis que miden sus niveles en saliva en varios momentos del día para ver su evolución y no sólo un momento puntual.

Es un problema que aparece tras un estímulo estresante crónico. Muchas veces el conflicto estresante original (momento semilla) está muy lejos en el tiempo y los síntomas aparecen cuando se vive otra situación similar o que recuerda lo que se sintió en el momento semilla. En la mayoría de los casos, la persona no es consciente del conflicto. En este caso va a ser de gran utilidad ciertas técnicas emocionales y la kinesiología emocional. Mediante ellas se puede llegar a conocer el momento en que se originó el conflicto y de qué se trata. El traer a la conciencia esta información va a ser de gran ayuda para la resolución del problema.

Suplementos de utilidad en la fatiga suprarrenal

En Medicina Integrativa disponemos de varios suplementos que nos van a ayudar a tratar este cansancio de origen suprarrenal:

  • Minerales y oligoelementos (principalmente Zn).
  • Vitaminas (principalmente B).
  • Adaptógenos (ashwaganda, eleuterococo, rhodiola, esquisandra).
  • L-teanina y GABA.
  • Micoterapia potenciadora del sistema inmunitario.
  • Aminoácidos.
  • Antioxidantes.
  • Ácidos grasos.
  • Glicanos.
  • Mapurito (Petiveria aliácea).

 

Patología mitocondrial

La mitocondria es la parte de la célula que se dedica a la producción de energía y la vida se basa en la energía. Esto lo consigue mediante la formación de ATP a través de un proceso llamado fosforilación oxidativa.

Su origen evolutivo es muy interesante ya que se trata de la evolución de una bacteria (célula procariota) que se introdujo dentro de una célula eucariota y empezaron a ayudarse mútuamente. La célula eucariota comenzó a conseguir energía gracias a esta bacteria que incorporó y que evolucionaría más adelante a mitocondria.

Además de la producción de energía, la mitocondria tiene otras funciones como proteger el ADN, mantener los niveles de glutatión (principal antioxidante) o activar la apoptosis. Ésta es la muerte celular programada, ya que las células viejas han de morir para ser sustituidas por otras nuevas.

Ya hemos dicho que la vida es energía y este concepto de que el cuerpo humano es también energía lo tiene en cuenta la Medicina Integrativa, la Medicina Tradicional China y la Medicina Ayurveda, entre otras. De aquí la importancia de ciertos tratamientos energéticos.

Cada vez hay más evidencia de que muchas enfermedades como como la fibromialgia, la fatiga suprarrenal o la fatiga crónica se relacionan con alteraciones de la mitocondria. Es lo que llamamos patología mitocondrial o mitocondriopatías.

Es más, las mitocondrias tienen una forma como de una cápsula alargada con dos membranas. La membrana interna tiene un gran número de crestas (crestas mitocondriales). En muchos de los casos de estas enfermedades relacionadas con la fatiga se ha visto por microscopía electrónica, la desaparición de estas crestas. Lo que se observa es que esta membrana interna se ha vuelto lisa.

Suplementos de utilidad en la patología mitocondrial

Existen una serie de suplementos de utilidad en los casos de mitocondriopatía, algunos de los cuales la hemos mencionado sobre todo en el apartado de fatiga suprarrenal ya que ambos problemas están muy relacionados.

  • Antioxidantes: Coenzima Q10 y ácido alfa-lipoico (ALA). También es muy importante tener unos buenos niveles de glutatión que es el principal antioxidante. Esto se puede conseguir con el ALA o dando sus aminoácidos precursores: glicina, glutámico y cisteína.
  • L-Acetil-Carnitina.
  • Vitaminas B.
  • Vitamina C y E.
  • Magnesio.
  • Fosfolípidos (Fosfatidilcolina, fosfatidilinositol, fosfatidilserina). Importantes para reparar esta membrana mitocondrial dañada.
  • Glicanos.
  • Micoterapia.
  • Quercetina.
  • Cúrcuma.
  • Resveratrol.
  • Ribosa.
  • PQQ.
  • N-Acetilcisteína (NAC).
  • Aminoácidos: taurina, glicina, glutámico, cisteína.

También es muy importante realizar una dieta en la que no se abuse de los hidratos de carbono e incluso ayunos intermitentes.